Zona de ColoniaHay 2 bodegas que dominan el paisaje entre Colonia y Carmelo. Son "Los Cerros de San Juan" e "Irurtia".En ambas me recibieron con mucho aprecio, cosa que agradezco profundamente.
En Los Cerros de San Juan se respira historia. Sus instalaciones centenarias son un verdadero alarde de ingeniería por parte de fundadores, la familia Lahusen, que llegaron desde Alemania en 1854, trayendo las primeras cepas Riesling de la región. Actualmente pertenece a la familia Terra y por intermedio de Andrés, uno de sus miembros, pude visitar las instalaciones.
Los suelos están compuestos por grava y canto rodado junto a elementos calcáreos.
Con los años, el establecimiento abarcó tanto agricultura como ganadería y se transformó en un poblado que se autoabastecía plenamente. Hoy, eso ya no es así. Hay 45 hectáreas de viñedos y se proyectan otras 15. En lo que fue la antigua pulpería funciona una sala donde realizan recepciones con degustaciones. Una maravilla que merece ser visitada.
Acompañado por los señores Antonio Baldisseri ( encargado de las visitas y recepciones) y Héctor Abbona ( enólogo y maestro de bodega), recorrí la antigua bodega con sus cavas de piedra aún en uso. Siendo los veranos calurosos, impresiona la baja temperatura imperante en el lugar, sorprendiéndome un antiguo sistema de refrigeración desarrollado por el señor Lahusen, que captaba el agua de las lluvias y lo derivaba hacia una cisterna subterránea.
Durante el tiempo caluroso era bombeada manualmente desde allí y conducida por un serpentín de cobre hacia las piletas de fermentación, con el fin de regular la temperatura.
Ya en la pulpería pude degustar una gran variedad de vinos, llamando mi atención su San Juan Crianza riesling y merlot; y Maderos de San Juan tempranillo. Todos con intensos aromas y plenos en boca. No faltó una sabrosa picada para acompañar los mostos.

Junto a Antonio Baldisseri y Héctor Abbona ( camisa clara) en la ex "pulpería"
Bodega Irurtia, fundada en 1913, se localiza junto a la ciudad de Carmelo ( departamento de Colonia). Curiosamente, a pocos kilómetros de allí, de la mano de los jesuitas nació la vitivinicultura uruguaya, en 1741. Y hoy día, más de 250 años después, extensos viñedos se encuentran plantados sobre un suelo francolimoso de buen drenaje y algo mineral, obteniéndose vinos de buena calidad que confirman el buen ojo de los jesuitas.
Después de andar perdido un tiempo por el camino, por fin pude llegar. Para ello concerté previamente una visita con don Dante, patriarca de esta familia viñatera, quien amablemente realizó las gestiones necesarias. Debo mencionar que este señor es el precursor de la moderna vitivinicultura uruguaya, reconocido internacionalmente. Recibió la viña de mano de sus mayores y la fue colocando en un sitial destacado. Actualmente ha cedido el control de la empresa a sus hijos: Carlos, enólogo, Marcelo, ingeniero agrónomo; y Liliana en lo comercial.
Se trata de una bodega de gran capacidad que combina de manera ecléctica modernos equipos de acero inoxidable junto a otros más tradicionales. En cierta forma me recordó a H. Canale, de Río Negro, en la Patagonia argentina. Recorrimos sectores refaccionados de sus instalaciones y percibí que la bodega está en un proceso de renovación. De sus 340 hectáreas de viñedos proviene una gran variedad de cepas, siendo la producción de vinos grande y variada. Fui recibido por uno de sus enólogos, Daniel Cis, quien luego me acompañó en la degustación de sus vinos. Conocí a Marcelo Irurtia ( miembro de la familia propietaria) quien atendía un grupo de visitantes extranjeros. Todos probamos un tannat Reserva del Virrey 2002 , elegante por sobre todo y un gewurztraminer cosecha tardía ( Botrytis Excellence vendimia tardía 2004) con encantadora nariz dominada por agradables notas a flores blancas y cáscara de naranja y larga persistencia en boca. Estos vinos fueron premiados en Vinalies 2008 con medalla de plata y oro respectivamente. También destaco el viognier Posada del Virrey.

Caía la noche cuando regresé a Colonia, donde me esperaban familiares. La jornada resultó extenuante pues partí de Montevideo a media mañana, luego de viajar toda la noche desde Porto Alegre. Pero créanme que valió la pena el esfuerzo.
Paysandú y una sorpresa
Al día siguiente llegué a Paysandú, sobre el río Uruguay, donde me esperaba Jorge Pejar, joven enólogo uruguayo de Bodega Falcone. Juntos cruzamos el puente que une esta ciudad con Colón, en Argentina. Fuimos a conocer una pequeña viña, Voulliez Serment, que bajo su dirección enológica ha resucitado la vitivinicultura de esa zona ( desapareció hacia 1930).
Nos recibió su dueño, Jesús Voulliez, quien ha desarrollado el viñedo dentro de un proyecto enoturístico. Varios cepajes tintos y algunos blancos, en general jóvenes, vienen entregando
vinos con resultados prometedores. Algunos tintos han sido premiados en Mendoza.
Jesús, economista de profesión, es un apasionado por el vino con un instinto innato para apreciarlo; y apoya totalmente a Jorge en la búsqueda de un vino con calidad sobresaliente.
Los resultados ya se aprecian: probé excelentes monovarietales jóvenes de merlot y tannat, Finalmente un ensamblaje llamativo: tannat, merlot, cabernet sauvignon y malbec.
Ya de regreso en Paysandú, recorrimos las instalaciones de Leonardo Falcone, bodega centenaria perteneciente a la familia homónima y fundada 120 años atrás por Domingo Falcone. Aquí todos participan con entusiasmo: Don Leonardo( tercera generación) en la dirección de la empresa, su esposa Rosa Cecilia en la administración y ventas. Y la cuarta generación: sus hijas, Cecilia y Carolina, enólogas identificadas con la búsqueda de la calidad, junto a Jorge.
La bodega funciona en la antigua casa familiar, construida más de un siglo atrás por don Domingo. Existe otra bodega más moderna para guarda de vinos. Los viñedos suman 29 hectáreas de cepas nobles.
Realmente fue una sorpresa (que no esperaba) haber participado con ellos en una hermosa degustación donde destacaron varios vinos que cuentan con premios internacionales. Partimos con Abuelo Domingo, tannat de aromas profundos y boca plena. Curiosa la comparación entre este vino, que logra delicadeza en boca mediante un toque de merlot, y otro 100% tannat con maceración carbónica, obteniendo el mismo efecto. Continuamos con Santa Cecilia merlot y Leonardo Falcone cabernet franc, ambos de maravillosa nariz y delicada boca con alcohol rodeando los 12°5 que se agradece. Finalmente el vino de corte 120, recientemente lanzado al mercado, compuesto por c. sauvignon 60%-p. noir 20%- tannat 16%- c. franc 4%. Cada cepa es vinificada y criada de distinta manera. ¿El resultado?, un vino muy interesante que seguramente dará que hablar.
La degustación fue acompañada por una excelente picada que secretamente agradecí.
Pero un factor clave realzó la reunión: la calidez de los Falcone y su naturalidad al abrir las puertas de su casa y conversar libremente sobre sus vinos.
Al otro día salí de Paysandú convencido de que sí, el tannat es muy bueno, pero cuán agradables son unos maravillosos merlot jóvenes y plenos de fruta que se obtienen por allí. Esa fue una verdadera sorpresa.
UNA VISITA AL CORAZON DE LA VITICULTURA BRASILEÑA
La principal región vinícola de Brasil está emplazada en un área delimitada por los municipios de Bento Goncalves, Garibaldi y Monte Belo do Sul. Se la denomina "Vale dos Vinhedos" y con su zona próxima de Pinto Bandeira concentra más del 80% de la producción nacional de vinos.
Es cierto que actualmente existen emprendimientos interesantes en otras áreas del estado, pero si bien la calidad de sus vinos es destacable, el volumen es pequeño. Igualmente las mencionaremos: al sur, frontera con Uruguay, está Campanha. Al norte, junto al vecino estado de Santa Catarina, se encuentra Campos de Cima da Serra. Hacia el noreste del valle está Serra Gaúcha y al suroeste de Porto Alegre la zona de Encruzilhada. Fuera del estado existe un importante emprendimiento en........el estado de Bahía ( ¿se acuerdan de Doña Flor y sus dos maridos?). Increíblemente en el caluroso nordeste.. ¡ya están produciendo syrah!
El viaje desde Porto Alegre, la capital de Río Grande do Sul, hacia Bento Goncalves (también capital pero del vino brasileño) es una rápida transición de las llanuras dedicadas a cultivos intensivos y ganadería a los hermosos paisajes serranos localizados en el noroeste del estado.
Cerros verdes, calor y humedad nos hacen pensar que las condiciones no son adecuadas para la viticultura. Para que tengan una idea imaginen nuestros cerros sureños cubiertos con vegetación subtropical, en lugar de la selva fría. Y finalmente agreguemos calor....¿ lo tienen claro?. Por eso es común tener brotaciones en julio. El control de enfermedades y productividad es constante y el costo de producir vinos de calidad resulta alto. Este es un factor que no debemos perder de vista.
Luego de hora y media arribé a la ciudad vinícola. Por cierto no es nada pequeña pues hablamos de 100 mil habitantes y grandes edificios. Allí ordené mi agenda para recorrer las "vinícolas" Miolo, Lidio Carraro y Salton. De inmediato paso a comentarles:
Miolo es un emprendimiento enorme que apuesta a la tecnología de punta, el ecoturismo y la promoción de sus vinos en el mundo, hacia donde exportan.
Paralelamente están asociados en otros proyectos vinícolas como el de Bahía y han establecido alianzas con compañías extranjeras, entre ellas una chilena.
Está en manos de la familia homónima y agradezco a Morgana Miolo por su intervención en facilitar y hacer tan agradable mi visita.
El emprendimiento familiar partió sobre el fin del siglo 19 produciendo uvas, no vinos.
Así se mantuvieron por casi 1 siglo hasta que en 1994 elaboraron su primer vino. En la última década realizaron una profunda transformación dejando parcialmente la producción de vinos básicos para elaborar otros de calidad superior.
La moderna bodega, hotel, casa de ventas y viñedos se encuentran dentro del valle.
Producen vinos con uvas de diversos viñedos, algunos muy interesantes, como
"Quinta do Seival", de la sureña Campanha. Probé un cabernet sauvignon, de seductora nariz y muy equilibrado en boca, con largo final.
Luego degusté una novedad para mí: "Quinta do Seival" castas portuguesas, mezcla tinta de touringa nacional, tinta roriz y alfrocheiro. Un vino de aromas a higo, ciruela seca y notas de chocolate. En boca es equilbrado, resultando goloso, con taninos suaves y largo final. Verdaderamente una sorpresa.
Me gustó también como aperitivo " Fortaleza do Seival" sauvignon blanc, por su nariz que evoca a manzanas verdes y pomelo maduro junto a un grato frescor en boca.
Otro interesante ejemplar es RAR, mezcla tinta de cabernet sauvignon y merlot proveniente de Campos de Cima de Serra. De nariz delicada, elegante y marcada acidez en boca. Conviene guardarlo unos años.
De la zona del Vale dos Vinhedos destaco el espumoso Miolo Brut, con pequeña y firme burbuja, aromas a manzana verde, melón, notas tostadas y boca equilibrada. Se trata de una mezcla de chardonnay y pinot noir obtenida con método champenoise.

VISTA DEL VALE DOS VINHEDOS. EN PRIMER PLANO VINICOLA MIOLO
La vinícola Lídio Carraro se autodenomina "boutique". Y tiene razón.
Su propietaria es la familia compuesta por Lídio, su amable esposa Isabel y sus hijos Patricia, Juliano, Giovanni.
Descendiente de una familia italiana productora de uva y vinos simples, este productor ha buscado la excelencia vinícola y desde 1998 ha replantado su viñedo con cepas finas y guiado el trabajo de campo y bodega para solo obtener vinos de alta calidad.
Convencido que el vino nace en la calidad de las uvas, se impuso exigentes parámetros para elaborarlo. Sus productos han recibido el reconocimiento exterior y se comercializan en Europa. En producción posee 7 hectáreas en el valle y otras 30 en Encruzilhada. Las tareas las realiza personalmente, acompañado de jóvenes enólogos ( Mónica Roseti y los 2 hijos de Lídio).
Junto a Patricia, su simpática hija encargada del área comercial, degusté algunos de sus vinos y son realmente encomiables. Mencionaré "Elos", mezcla tinta de cabernet sauvignon y malbec, elaborado con uvas de Encruzilhada, junto a la Serra das Encantadas. Buena nariz y buen volumen y equilibrio en boca. Me encantó.
También destaco "Reserva da Serra", tanto el merlot como la mezcla de este con cabernet sauvignon, con uvas del valle.
Espero que algún día tengamos los vinos de esta viña en Chile.
Luego de un viaje subiendo la sierra por un sinuoso camino llegué a mi último destino: Vinícola Salton, en la localidad de Tuiuty.
Se trata de una enorme bodega centenaria que produce la mayor cantidad de vinos espumosos en Brasil ( el otro gran productor es Chandon, localizado en Garibaldi). Cuenta con 80 hectáreas propias y compra uva a 550 productores. En sus modernas instalaciones produce líneas de vinos tranquilos premium y sencillos, junto a una amplia gama de espumosos, desde los más populares hasta otros muy refinados. Incluso (cosa curiosa) elaboran un prosecco.
Fui recibido por uno de sus enólogos, Vinicius Santiago quien además es sommelier con larga experiencia en Europa. El mismo ofició de guía finalizando con una sorprendente degustación de sus líneas top.
Degustamos una mezcla tinta, "Talento" ( Cabernet Sauvignon, Tannat y Merlot) de color rubí oscuro y capa profunda. Aromas a moras, frutos rojos maduros y café. En la boca presenta un ataque levemente dulce, con fruta roja madura, goloso y de taninos amables.
Me encantó el espumoso "Evidence", 70% chardonnay y 30% pinot noir, obtenido por método champenoise, de color amarillo paja, limpio, con persistentes columnas de pequeñas burbujas y suave aroma a manzana verde, durazno blanco y notas de pan tostado. En boca hay algo de almendras y reaparece la manzana verde con una crujiente y refrescante acidez, pero en equilibrio con el alcohol.
Me quedo con estos 2 vinos como muy buenos representantes de Salton.
Como corolario de mi vista queda la impresión de haber conocido una industria muy joven pues si bien la presencia de los italianos y su uva ya es centenaria, la elaboración de vinos finos no pasa de 20 años. En ese corto lapso los brasileños han estudiado suelos y climas, ubicando los lugares más adecuados para producir vinos de calidad. También en sus universidades se han formado muchos jóvenes enólogos que junto a varios expertos extranjeros han dado un salto enorme para colocar al día su vitivinicultura, tanto en investigación, como en tecnología y comercialización. Sus espumosos y algunos de sus vinos que he destacado ya tienen buena acogida en el mundo.
El único inconveniente que encuentro es su alto precio que los aleja de algunos mercados, como el nuestro. Ojalá pueda corregirse para que pronto podamos disfrutarlos.